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Artes marciales y defensa personal, el verso y la prosa.

 

Si pensáramos en las artes marciales y la defensa como formas de escritura, podríamos entender de que se trata cada una.

Empecemos con el verso, el cual cuenta con una estructura rítmica, rimas y otros elementos que hacen del mismo una expresión poética. 

Los versos constituyen estrofas y estas forman los poemas, la funcionalidad del poema es que no tiene un objetivo práctico, mas bien son lúdicos y artísticos. Su subjetividad nos llevan al misterio y al descubrimiento de aquello que, si tratamos de expresarlo en palabras, nos quedamos con una sensación incompleta. 

La poesía no busca informar o establecer una interacción científica, mas bien es una ficción que nos eleva a otros planos..

Las artes marciales son poéticas en su esencia, las buscamos porque algo nos hace falta en nuestras vidas, porque pueden ser una forma de interpretación de nuestros deseos y miedos.

El objetivo de las artes marciales no es meramente funcional y práctico, el objetivo es una forma de percepción vital que se define como “forma de vida” donde el practicante encuentra una guía o un filtro para definir su mundo. Si reducimos las artes marciales a un conjunto de técnicas efectivas pierden entonces todo su verso, toda su poética y por lo tanto dejarían de ser “artes” marciales.

Las artes marciales causan un gran conflicto cuando no se entienden desde esta perspectiva, y no solo me refiero a los externos sino también a los mismos participes (maestros, maestras, alumnos) que confunden su poética con la realidad. Una realidad mundana y cruda que tampoco podemos ignorar por la propia necesidad de darle significado a nuestras vidas.

 

A final de cuentas necesitamos de la prosa para comunicar, para entender y para compartir sin las reglas de la medida y la cadencia, enfocándonos en la practicidad y funcionalidad de la experiencia cotidiana. 

 

Aquí es donde entra el concepto “defensa personal” el cual no es poético ni lúdico, alejado de la métrica artística y subjetiva es un método que transcurre en otros códigos de movimiento que no tienen porque respetar una expresión misteriosa de la vida.

 

La defensa personal no es un arte, porque no se expresa en verso y cuando queremos hacerlo es que la ficción nos traiciona porque nos mete en un estado de irrealidad donde pensamos que nuestras interpretaciones son incluso mas válidas de la realidad misma… No habría problema si esas interpretaciones no estuvieran dentro del campo de la seguridad y protección, pero como si lo están, entonces is hay problema.

 

Porque no debemos aquellos que nos manejamos en los dos campos confundir a las personas haciéndoles creer que la poética va cumplir el papel de la prosa, un poeta no tiene porque tratar de argumentar científicamente su arte, pero un analista si. 

Un analista debe tomar la evidencia y transferirla lo mas fielmente posible, no así el poeta que toma la evidencia y la reinterpreta para provocar un conjunto de emociones.

 

Esto es lo que hace que muchos artistas marciales se devanen los sesos tratando de justificar sus movimientos ficticios(en términos de evidencia) para encajarlos a la fuerza en la defensa personal, y por otro lado esto es lo que hace que los instructores de defensa personal se queden en la funcionalidad de sus perspectivas sin explorar el “espíritu” marcial que nos hace ver mas allá del  propio utilitarismo. 

 

Dejemos de crear conflictos por errores de percepción, tanto las artes marciales como la defensa personal tienen su valor y así como necesitamos de la prosa para comunicarnos también el verso nos lleva a realidades sutiles necesarias para comprender el mundo desde otros ángulos.